Festejos descontrolados y el síndrome de la doble vara

En las artes y en la expresiones urbanas existen un sinnúmero de manifestaciones que dejan al descubierto las desigualdades con las que una sociedad juzga un hecho. 

El poeta Campoamor describe con maestría y sabiduría esta situación: “Y es que en el mundo traidor, nada hay verdad ni mentira:  todo es según el color  del cristal con que se mira”. 

También la apelación a la doble vara que suele usarse popularmente se remite a la antigüedad y hace alusión a la frase evangélica a quienes señalan la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Es que en estos tiempos de pandemia, una de las cosas que más se ha sufrido es la imposibilidad de reunirse libremente. A pesar del avance de la vacunación, rigen muchas limitaciones. Hay aforos para todo. La cantidad de público está restringida, tanto para asistir a una proyección de cine, un espectáculo musical, participar de un acto, sentarse en un bar y reunirse en una casa de familia. Hasta las tan ansiadas celebraciones por el Bicentenerio de Martín Miguel de Güemes y las tradicionales procesiones religiosas se han visto opacadas, al menos en lo que hace a sus expresiones multitudinarias.

Es que, para cuidar la salud de todos, es necesario cumplir con estrictas medidas de prevención. Y el punto número uno es mantener la distancia social. Eso es algo que se ha repetido hasta el hartazgo en el último año y medio.