Por Regina Martínez Riekes, agente financiera.-

“Ayer era un perro. Hoy soy un perro. Mañana probablemente seguiré siendo un perro. Hay muy poca esperanza de avance”. Snoopy

Nacimiento, Auge y Ocaso de una Leyenda

“Hablé con el trader de cambios. Hay que comprar dólar oficial y vender dólar MEP”. Corría septiembre de 2019 y con esta declaración nacía el rulo.

El rulo implicaba una ganancia de U$S 700 en unos pocos segundos. Arbitrando mercados, un individuo capitalizaba la diferencia de precios de un mismo bien (dólar) comprando el oficial a $ 57 y vendiéndolo a través de bonos (dólar MEP o dólar Bolsa) a $ 61.

Esto ocurrió nueve meses atrás, cuando “sólo” podían comprarse U$S 10.000 al valor oficial. La práctica se hizo tan masiva que enlenteció abruptamente la operatoria en canales automáticos y dio origen a lo que se conoce como “parking” para la venta de dólar MEP.

A partir de esta norma, los títulos adquiridos en dólares deben esperar cinco días hábiles de “añejamiento” antes de ser vendidos contra pesos.

Lejos de extinguirse, el rulo se estiró y se convirtió en un bucle.

¿Para qué solucionarlo si podemos complicarlo?

Habitualmente, los arbitrajes como el “rulo” tenderían a homogeneizar precios. Sin embargo, el límite de compra de dólar oficial (bajó de U$S 10.000 a U$S 200) explica que el precio de este bien no sea único. La brecha entre oficial y libre saltó del 5% inicial al 60% actual.

No termina siendo gratis el hecho de enfrentarse a las leyes de la Economía. Limitar la cantidad genera escasez cuya demanda se abastecerá en un mercado paralelo al precio que surja de la interacción entre compradores y vendedores.

La lógica indica que para frenar la disparada del precio se debe buscar que aumente la oferta. El lobby realizado en este sentido por distintas entidades financieras (solicitaron que se levante el parking) fue en vano.

Al añejamiento a la venta de dólares MEP se sumó el añejamiento para la compra. Es decir, cualquier individuo o empresa que hace una semana se hacía de dólar MEP con apenas un click, hoy debe esperar cinco días hábiles con un bono defaulteado en cartera.

Flujo mata fundamentos

Las reservas del Banco Central vienen en franco descenso. Las intervenciones de venta de la autoridad monetaria no logran calmar al mercado.

Los depósitos en dólares del sector privado se alejan del sistema financiero como en un goteo. Prefieren morir en una caja de seguridad. El 2001 sigue presente en la memoria de los argentinos.

La salida de depósitos en dólares probablemente se verá acompañada por una caída de depósitos en pesos. Pesos que, ante la batería de restricciones y rumores, se cambian por dólares en el mercado “blue” o informal.

Una vez que el dinero sale del sistema financiero, difícilmente regresa. Ingresar efectivo en una cuenta bancaria implica tributar nuevamente ingresos brutos, algo a lo que la mayoría de los contribuyentes se resiste. Esos dólares seguirán bajo el colchón posiblemente especulando con la caída del precio de los inmuebles. Este seguirá siendo el sector elegido para canalizar el dinero informal debido a la brecha entre valor de mercado y fiscal de una propiedad.

Volver al futuro

¿Sos persona humana o jurídica? ¿Accediste a un crédito subsidiado? ¿Accediste al MULC en los últimos noventa días? ¿Tenés dólares en una cuenta en el exterior? Todas estas preguntas generan una amplia combinación de respuestas.

Los canales automáticos de entidades financieras tardan en adecuarse a las normas que se conocen semana a semana. Es por ello que muchas veces eligen limitar la operatoria de compra de dólares a través de la web. Este impedimento, basado en cuestiones técnicas, genera nuevamente intranquilidad entre los depositantes.

“Acabo de ver que el BCRA limitó la operación con divisas ¿Qué hago con mis dólares?”, se preguntaba un ahorrista el viernes. Hacía referencia a la Comunicación A7030 del Banco Central que establece nuevas restricciones para acceder al dólar oficial. Los perjudicados, entre otros, son mayormente importadores. El principal riesgo es que, ante la dificultad de importación, se genere escasez de bienes que difícilmente puedan ser sustituidos por la alicaída industria nacional.

A este riesgo se suma la posibilidad de que esos bienes importados se financien con dólar bolsa y no con dólar oficial, trasladando la brecha al precio final de los bienes, y por ende, a la inflación.

Al mal tiempo, buena cara

Si el objetivo principal es cuidar las reservas, ¿qué sentido tiene limitar el acceso al dólar MEP o al contado con liquidación cuando no afecta las arcas del BCRA? Al ser esta una operación entre privados, es un simple pase de manos. El dólar libre fija expectativas de devaluación y actúa como referencia en los precios. Los que no puedan abastecerse por el dólar oficial lo harán por el dólar MEP o Bolsa. Y quienes no accedan a este mercado se abastecerán en la economía informal. “El blue se va con Elon Musk a la luna”, remató una analista de créditos tras conocer las medidas. Luego de un frustrado intento, el emprendedor sudafricano pudo enviar ayer una nave al espacio ¿Ira el preciado billete entre las valijas de la tripulación? El veredicto final, como siempre, lo tendrán los mercados.

Recuerdo fresco

“Los depósitos en dólares del sector privado se alejan del sistema financiero como en un goteo. Prefieren morir en una caja de seguridad. El recuerdo del 2001 sigue presente”.