En medio de una crisis financiera agobiante, de una grieta política interminable y de una tensión regional creciente, los argentinos decidirán hoy mucho más que el próximo presidente de la Nación. Las urnas develarán esta noche, ni más ni menos, que cuál será el modelo ideológico que se aplicará para enfrentar los enormes problemas estructurales que arrastra el país desde hace años, tanto en materia económica como social.

La enorme polarización que se espera para estos comicios reduce la incertidumbre electoral básicamente a un interrogante: ¿Alberto Fernández se impondrá hoy en primera vuelta o MAURICIO MACRI logrará forzar un balotaje? De producirse la primera opción, como todos los analistas imaginan, esta noche se abrirá una larga y agónica transición presidencial, en la que todas las variables económicas podrían verse seriamente afectadas en el corto plazo.

Los resultados, que mantienen en vilo a toda la sociedad, serán seguidos bien de cerca también por los mercados financieros, quienes en los últimos días aceleraron el proceso devaluatorio de la moneda ante los rumores de una inminente profundización del cepo cambiario. “Los hombres de negocios están casi seguros que las restricciones a la compra de divisas serán más estrictas gane quien gane la elección, ya que el país no tiene los dólares suficientes que necesita para pagar sus obligaciones”, explicó ayer un prestigioso economista que pidió reserva de su identidad.

El Gobierno apuesta a que la mayor cantidad de electores que se esperan para esta elección terminen inclinando la balanza a su favor, aunque hay pocos argumentos matemáticos para explicar esa eventual epopeya. Las Paso dejaron una inesperada diferencia de diecisiete puntos en favor de Fernández, por lo que sería extraño pensar que el Frente de Todos no logre captar un porcentaje de esos nuevos sufragios.

El 11 de agosto Fernández le sacó más de cuatro millones de votos a Macri, y se especula que hoy podrían sumarse cerca de dos millones de votos más en comparación con los electores de las Paso. En el hipotético e improbable caso de que Macri llegara a quedarse con todos esos respaldos y Alberto con ninguno, la diferencia entre ambos aún superaría los dos millones de votos. Con esos números sobre la mesa, no es casualidad que el propio jefe de Estado haya hablado esta semana ante su Gabinete de la posibilidad de “un milagro”.

Apelando al famoso voto útil, otro de los puntos en los que Juntos por el Cambio buscará descontar algo de diferencia será en el posible traslado de votos de Roberto Lavagna, Juan Gómez Centurión y José Luis Espert hacia la figura de Macri. Allí también radica una esperanza que podría no ser tal: luego de las Paso Lavagna comenzó a sonar fuerte como eventual ministro de Economía de Fernández y, pese a que él lo negó en varias oportunidades, eso puede llegar a tener algún impacto entre sus propios votantes, quienes por lo general rechazan la política de ajuste de Macri.

Las masivas marchas del “Sí se puede” en las que el Presidente repetía sus discursos casi de forma calcada fueron pensadas más como demostraciones de poder que como estrategia de acumulación de votantes. Macri quiere demostrar que, pase lo que pase esta noche, hay cerca de un tercio del país que lo sigue apoyando sin disimulos pese al descalabro económico que se generó en el último año y medio.

En el peronismo, el abultado resultado de las primarias abrió un horizonte de cosa juzgada a nivel presidencial, pero las expectativas de ese sector están ubicadas ahora fundamentalmente en hacer una muy buena elección para reforzar la presencia legislativa.

Alberto Fernández sabe que una eventual presidencia suya deberá contar con un Congreso activo que le apruebe leyes clave, como la pesificación de las tarifas de los servicios públicos y también una posible reforma a la movilidad jubilatoria, que quedó disminuida con el cambio de la fórmula aprobado hace dos años.

En principio, si los resultados de las Paso se repitiesen, Fernández tendrá un Parlamento bastante favorable, aunque sin quorum propio. “Nosotros vamos a buscar los apoyos que nos faltan en lo que sería el macrismo dialoguista, que seguramente lo encabezarían los gobernadores radicales, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y ROGELIO FRIGERIO“, aclaró a este diario un cercano colaborador al candidato del Frente de Todos.

Está claro que el país llega a la renovación de autoridades en el peor momento económico de los últimos dieciséis años. Néstor Kirchner asumió la presidencia con una economía que llevaba seis meses de crecimiento, Cristina llegó al poder con la soja por las nubes y Macri tomó la posta de una economía que se expandió en 2015 más del dos por ciento anual. La herencia recibida del próximo Gobierno no dará lugar a grandes lunas de miel, ya que la economía está en recesión, la inflación en las nubes y la pobreza en niveles vergonzantes.