Ciertos patrones del norte provincial llevan décadas al mando de sus municipios y los resultados no han sido los mejores.

Que es un soplo la vida, que veinte años no es nada”, cita el tango compuesto e interpretado por Carlos Gardel en 1934, y al parecer un grupo de intendentes del norte salteño hicieron su propia interpretación, ya que constantemente vuelven y ya llevan dos décadas al frente de sus municipios.

Con gestiones sumamente cuestionables y un tendal de irregularidades en su historial, por lo menos tres no quieren soltar el título de intendente, aun cuando en la praxis no hayan hecho honor a este.

Gracias a la aplicación Face APP podemos adelantarnos y ver lo que tendremos de aquí a otros 20 años de sostener lo mismo, y cómo fue que desembarcaron en los mandos políticos hace 20 años atrás.

El antes y el después de “los impresentables del norte”

Alfredo “Fredy” Llaya, es intendente de Embarcación y lleva al frente de ese municipio más de 20 años. En ese municipio existen varias comunidades que no cuentan con los servicios básicos, además la UCA en un informe reveló que 9 de cada 10 hogares no cuentan con cloaca. El puente de Agua Linda en la comunidad Media Luna, más conocido como “el puente de la vergüenza”, fue lo que llevó a Llaya a los medios de todo el país, un gasto descomunal y una obra que no coincidió con la inversión realizada.

Julio Antonio Jalit, es intendente de Pichanal, y seguro lo recordaran por frases como “hasta para robar hay que ser un tipo inteligente, y yo me considero un tipo inteligente”, la cual lo hizo trascender la frontera provincial, pero esta no fue la única hazaña de este jefe comunal. Pichanal se encuentra en medio de una disputa por la Emergencia Alimentaria, que el Concejo Deliberante en respuesta al elevado índice de pobreza que sacude a todo el pueblo. Jalit desembarcó en el Ejecutivo Municipal siendo un trabajador de una estación de servicio y llegó a convertirse en uno de los terratenientes más grandes de la zona.

Samuel Gerardo Córdoba, es intendente de Ballivian y ostenta ese cargo desde hace alrededor de 10 años. Este pueblo vive en una especie de dinastía donde el mando del Ejecutivo Municipal ha pasado de padre a hijo tras 30 años, es decir que en total los Córdoba llevan en el poder más de 55 años, por lo que podemos decir que generaciones enteras no conocen otro mando que no pertenezca a esta casta. Lo cierto es que él mismo manifestó sentirse cómodo en este lugar por lo que resulta probable que pretenda quedarse algunas gestiones más