El violento episodio terminó con el agresor con heridas de bala en el abdómen. Le habían reclamado por cómo había estacionado.

Uno de los hechos más violentos que recuerde la plaza 9 de Julio ocurrió en mayo de 1988. Se trató de un tiroteo inesperado frente a la Catedral Basílica. Todo se originó por una discusión de tránsito entre un violento sujeto y agentes municipales. Hubo un herido de arma de fuego, gritos y terror.
Eran las 18 del viernes 8/5, cuando el inspector de Tránsito Municipal, Néstor Renato Rodríguez, se acercó a un vehículo Ford Taunus (patente A-053512) para adevertirle a su conductor que se retirara del lugar donde se encontraba detenido, ya que era zona prohibida para el estacionamiento. Medida que se mantiene hasta el día de hoy.
El conductor fue identificado como Ricardo Lafuente, un delincuente con un sendo prontuario tanto en la Justicia provincial como en la federal.

No fue nada pacífica la respuesta de Lafuente al agente Rodríguez. Lejos de aceptar su falta a las normas de tránsito, levantó la voz, comenzó a insultarlo y lo amenazó de muerte. Luego le dijo que “tenía algo que arreglar” con unos policías apostados en el ex Banco Provincial (hoy Macro) y le mostró un arma.

El servidor municipal dio alerta a la Policía y ahí comenzó la balacera. El delincuente detonó varias veces el gatillo de su revólver, pero no acertó ningún disparo ya que la gente se tiró al suelo. Los efectivos policiales respondieron con sus armas reglamentarias y le dieron un balazo en el abdómen al agresor.

Rápidamente se acercaron transeúntes y otros móviles policiales que asistieron en la escena.

Lafuente fue trasladado hacia el hospital San Bernardo donde se le practicó una cirugía de urgencia para retirar el proyectil que le perforó el cuerpo. Se supo que estaba bajo el efecto de las drogas. Quedó detenido y volvió a la cárcel unos años más.

Fuente: Que pasa Salta